Planificar la estrategia: Introducción

La mejor forma de predecir tu futuro es crearlo.

«La planificación a largo plazo no es pensar en las decisiones futuras sino en el futuro de las decisiones presentes»  Peter Druker


En primer lugar, debemos hacer un análisis de nuestra situación, personal y profesional y definir qué es lo que no estamos consiguiendo, con qué no estamos conformes. Esto variará según el caso, pero los casos más comunes son la sensación de que no tenemos suficiente tiempo, no estamos creciendo lo suficiente y no ganamos suficiente. O sea, tenemos un INSUFICIENTE y necesitamos mejorar en algo.

Esto puede darse por diversas circunstancias que pueden ser entre otras, que cada vez hay más competencia, los clientes cada vez exigen más y quieren más descuentos, plazos de cobro más largos, el mercado está muy maduro,…,a saber. La realidad es que para poder dedicar más tiempo a nuestra vida personal, debemos aumentar nuestra productividad y competitividad en lo profesional y también, por qué no, en lo personal.

En consecuencia, ya sea en lo personal o en lo profesional, todo plan empieza por un análisis de la situación. ¿Qué variables debemos analizar?, ¿qué es lo más importante y en qué orden?

Salvo que seamos herederos de una gran fortuna, nuestra vida personal y el trabajo están muy ligados así que el elemento común será el método con el que vamos a mejorar y cómo crear los hábitos más beneficiosos en cada momento.

En este y los siguientes artículos iremos describiendo los pasos que nos permitan construir nuestra propia estrategia. Cuando hablo de estrategia, a muchos les suena pesadez pero nuestra estrategia será la clave de nuestro éxito, será llevadera y amena, dará sentido a lo que hacemos cada día y nos permitirá alcanzar nuestros objetivos, los cuales son parte de la estrategia. En nuestro caso, vamos a hacerlo para micro empresas, profesionales y trabajadores por cuenta ajena y lo haremos hablando de nuestra estrategia profesional, viendo cómo se influyen nuestra faceta personal y profesional mutuamente.

Debemos diseñar una estrategia innovadora que podamos crear, manejar y ajustar de manera sencilla y con todo el sentido común. A esto, lo llamaremos Balance Estratégico.

Para muchos profesionales, el sentido común es el menos común de los sentidos. Que sepamos algo con certeza, no quiere decir que estemos aplicándolo, ni mucho menos, que lo estemos aplicando correctamente. Por ejemplo, todos sabemos que debemos comer sano y hacer algo de ejercicio con regularidad. La primera pregunta sería: ¿qué es comer sano?, pues según quien lo pregunte, tendrá una percepción distinta de eso. ¿Crees que todo el que sabe esto lo está aplicando de forma sistemática en su vida? Si no tienes clara la respuesta, piensa en si las 20 personas con las que más contacto tienes lo están aplicando, la gente que te rodea dentro o fuera del trabajo. Es muy probable que sepan cómo deben alimentarse y qué les conviene o no comer ¿y acaso lo aplican?.

De la misma forma que sabemos lo que necesitamos para tener una buena salud, también sabemos que no debemos competir en precio constantemente, salvo que ese sea nuestro posicionamiento estratégico y nuestra innovación esté orientada a optimizar procesos y disminuir costes de producción, comunicación, comercialización, distribución y/o servicios de venta y postventa. Sin embargo, aunque no tengamos este posicionamiento, ¿no vemos constantemente una tendencia casi natural en cualquier sector que consiste en bajar los precios, hacer más ofertas, descuentos, ampliar plazos de cobro, etc?.

Efectivamente, sabemos que esto no es sostenible, sin embargo en cualquier sector veremos estas prácticas habitualmente, pensando erróneamente que cambiaremos en el futuro, igual que ya en el futuro comeremos sanos, me capacitaré en tal o cual competencia, aprenderé a hacer aquello, etc. Como escribió John Lennon en la canción dedicada a su hijo Sean, titulada Beautiful Boy: «La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes«.

En competencia perfecta, los beneficios tienden a «0». Con esto quiero decir que cuando el cliente no encuentra una diferencia significativa entre dos productos o servicios, se inclina por el más barato y si no tenemos una diferencia en lo que vendemos, necesitaremos bajar el precio constantemente para seguir vendiendo. Veamos esto con detenimiento pues hemos dicho «cuando el cliente no encuentra una diferencia significativa…» pero, ¿qué segmento de cliente y qué sería una diferencia significativa para ese segmento?. Lo que puede parecer igual para unos puede no serlo para otros, y esto puede ser por necesidades particulares de cada segmento, características concretas de nuestro producto/servicio, las percepciones que tenga cada segmento sobre nuestra marca o empresa, etc, de ahí la importancia de la segmentación. Muchos ya sabemos todo esto, pero lo importante es analizar qué es lo que estamos haciendo al respecto y por qué tenemos que bajar los precios y trabajar cada vez más horas para ganar lo mismo o incluso menos.

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